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Orán, una frontera caliente

   La ciudad santafesina, separada de San Francisco por una calle, alberga traficantes que resuelven conflictos a balazos. Investigan a banda que vende estupefacientes al por mayor y exporta. Agrupación de Gendarmería para combatir este delito.

- ¿‘Kako’ devolvió la droga?

–Si.

Ya sabés lo que tenés que hacer, de una cocinalo. Metele un tiro en la cabeza y enterralo en el campo.

–Bueno, jefe, ya me encargo.

   A las 18.30 del 18 de diciembre de 2013, el santafesino Juan Ignacio Figueroa tomó su pistola semiautomática Power, cargada y montada para disparar con 15 proyectiles 9 milímetros, y la guardó en la gaveta de un Fiat Uno. El sicario buscó a Raúl Ricardo Reynoso en calle Blas Parera al 4700 de la ciudad de Posadas y emprendió rumbo al campo.

   Los deseos del “Patrón” Héctor Argentino Gallardo, desde Orán, por primera vez no llegaron a cumplirse. La orden de ejecución fue escuchada por investigadores que desde hacía un año trabajaban bajo las órdenes del Juzgado Federal N°1 de Córdoba, a cargo de Ricardo Bustos Fierro. Alrededor de 500 gendarmes realizaron un megaoperativo en distintas provincias y asestaron un duro golpe a la organización criminal que tendría vinculación con un cartel colombiano, narcos de Bolivia y Paraguay y contactos en Chile y España para distribuir cocaína y marihuana al por mayor.

El cordobés de 43 años, sindicado como el máximo “capo narco” del país, aunque se declara como un humilde carpintero que lleva a sus hijos a un comedor comunitario, tenía domicilio en Frontera, pequeña localidad santafesina del departamento Castellanos, pegada a la ciudad de San Francisco, en el este de Córdoba.

En abril pasado, 250 gendarmes allanaron domicilios en Frontera y estudios jurídicos y financieras de San Francisco, supuestamente relacionados con el clan Gallardo en operaciones de lavado de dinero. Se secuestraron más de 50 vehículos de una concesionaria, cuya propiedad se atribuye al “Patrón”. ¿Por qué un cartel de la droga se instala en un lugar como Frontera?

Para encontrar la respuesta, periodistas de este diario recorrieron el pueblo.

De paseo

“Esperen, busco el arma y los acompaño. Todo debe estar tranquilo porque están almorzando o durmiendo la siesta (son las 14.40 del jueves), pero nunca se sabe. Vos sacá fotos desde el auto, ni se te ocurra bajarte. Saquen los carteles identificatorios del diario”, recomienda el “guía” a los periodistas.

Fermín (nombre de fantasía que utilizamos para no identificar al investigador de una fuerza de seguridad) se ubica en el asiento trasero junto al reportero gráfico. Sobre la falda, sostiene una pistola 9 milímetros y no deja de acariciar el gatillo.

Portones baleados, paredes sembradas de balazos y los “teros” (adolescentes que alertan a los narcos sobre presencias extrañas) con celulares en mano son una constante en la recorrida.

“Ese es el hotel El Gringo, propiedad del ‘Chancho’ (Héctor) Gallardo. Ahí se hospedan los que vienen a comprar droga en grandes cantidades para distribuir en toda la provincia. Los lunes, martes y miércoles, aparecen autos y camionetas de alta gama con patentes de Río Cuarto, Villa María, Villa Carlos Paz, de las principales ciudades del interior”, explica Fermín.

Una cuadra más adelante, el investigador muestra un pasaje. “Fíjense, es una venta de locro y las motos se amontonan, pero es una pantalla, es uno de los quioscos de droga que hay acá”. A medida que avanzamos, el investigador marca los domicilios de Héctor (actualmente alojado en Bouwer), de sus hermanos, Tito, Julio, “el Rana”, de su sobrino “Torito” (hijo de un hermano muerto) y el de “Chocha”, la mamá de los Gallardo. Las casas están pintadas con colores vivos (rojo, naranja, amarillo) y todas tienen algo en común: ventanas con vidrios polarizados para que nadie pueda ver desde la calle.

Los policías de Frontera fueron removidos cuatro veces en los últimos tiempos por su amistad con los traficantes. “Hay un móvil y sólo dos canas. Si de San Francisco vienen a buscar un choro no se meten, pero a los narcos los protegen”, asegura Fermín.

La misma sospecha tiene el fiscal federal de San Francisco, Luis María Viaut, quien debe recurrir a policías federales de 
Bell Ville para poder realizar procedimientos en la ciudad del este y en Frontera, porque en la Policía de la provincia no habría suficiente personal especializado.

“Acabo de recibir al presidente del Concejo Deliberante y al secretario de Gobierno de Frontera, quienes están muy preocupados por lo que está ocurriendo y quieren que intervenga la Gendarmería. Compartimos el mismo problema, nos preocupa la falta de asistencia de Policía Federal y de Gendarmería”, revela el fiscal.

El pueblo, separado de San Francisco por la avenida Brigadier Bustos, por las noches se convierte en un infierno con tiroteos entre grupos antagónicos. La banda lideraba por el “Patrón” Gallardo tiene disponibles tres vehículos que todas las noches parten hacia distintos destinos sin que sus choferes sepan si llevan o van a buscar droga.

El fiscal Viaut no sale de su asombro por la cantidad de armas que se secuestran en los procedimientos. “Es un tema muy serio, tienen arsenales. Armas de todo tipo y calibre”, grafica. En uno de los últimos allanamientos en Frontera se secuestraron siete kilos de cocaína y 15 armas de fuego, entre pistolas, escopetas y fusiles. El traficante está preso y la esposa debió trasladarse a San Francisco, a la casa de los padres, para que no la maten.

El cartel que opera en Frontera y narcos de San Francisco utilizan “cocineros” procedentes de Bolivia para fabricar la cocaína a partir de la pasta base. “Para el consumo local cocinan una porquería. De un kilo de pasta base pueden obtenerse hasta seis kilos de droga, pero estos la estiran con harina y otras basuras para llegar a los 10 kilos”, explica Fermín.

Fecha: 03/08/14
Fuente: Diario La Voz

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