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Orán, sinónimo de narcotráfico para el resto del país

   Este lunes la ciudad de Orán es noticia en varias matutinos del país y todas las noticias tienen directa relación con el narcotráfico, el título primero es del díario "Contexto Tucumán" que hace referencia a una "supuesta guerra narco" y sobre los sicarios. Otro diario tucumano "La Gaceta" también tiene a Orán entre sus títulos que indica "“Esto se está desbordando”, dicen los gendarmes de Orán" y en este se hace hincapié sobre "los sicariatos y las majicaneadas". 

   En el diario "El Litoral" también se menciona a nuestra ciudad en el titular "Frontera, tierra fértil para el narcotráfico".  En esta entrega les dejamos los tres artículos y sus respectivos links

1) Contexto Tucumán
La sangrienta guerra narco que asola Orán se dirime con sicarios tucumanos

   Póngase cómodo. Siéntese en un buen sillón. Si quiere, prepárese una picada o cébese unos mates e imagine que está por disfrutar de una serie de Netflix sobre narcotráfico. 


   La Justicia salteña sospecha que tucumanos fueron contratados como sicarios por narcos de Orán, ciudad que se está desangrando por una pelea territorial entre dos bandas para acabar con la vida de un enemigo. 

   Los nombres de los acusados, que casi no dejaron pistas en cada uno de los homicidios que habrían cometido, se mantienen en la mayor de las reservas. Estos son algunos detalles de una historia que tiene ribetes cinematográficos.

Capítulo I: una llamada con un celular que se hizo desde una celda

Los reclusos del penal de Güemes, donde son alojados los detenidos con causas federales y las personas que son consideradas peligrosas por las autoridades salteñas, ya habían comido. Uno de ellos, con autorización de sus custodios, tomó un celular y llamó a otro que se encontraba en libertad. Según consta en el expediente, el 24 de abril le comentó que tenía un trabajo para realizar. No dio mayores detalles; simplemente le contó que tenía todos los datos necesarios para que realice la tarea en Orán. Del otro lado, le aseguraron que podían reclutar gente en Tucumán o bien buscar en Jujuy al yerno de una mujer que tenía antecedentes por “meter ganchos en las carteras” y que también es oriundo de esta provincia.

Capítulo II: una ciudad encantadora con altos niveles de violencia

Orán está ubicada casi 500 kilómetros de la capital tucumana. Desde hace años se transformó en una de las localidades fronterizas más calientes del país. Por allí pasa el grueso de la mercadería ilegal que ingresa desde Bolivia y que luego es distribuida a distintos puntos del país. También es una de los puertas de ingreso de la cocaína principalmente, aunque en los últimos tiempos también se secuestró marihuana. El desarrollo del narcotráfico está acompañado por una escalada de violencia. En una ciudad donde todos se conocen, conseguir un sicario no es fácil. Por ello, los narcos prefieren buscarlos en otros lares para no levantar sospechas.

Capítulo III: el primer ataque que sacudió la paz de toda Orán

Cinco días después de haberse producido esa charla en el penal, en la calurosa noche del 29 de abril, Adrián Ricardo Gerónimo fue emboscado por dos hombres que le dispararon al menos 10 veces. Cinco proyectiles impactaron en su cuerpo, pero los sicarios no terminaron con su trabajo porque la víctima sobrevivió. Trascendió que el herido habría sido operado por reconocidos cirujanos salteños que lograron salvarle la vida. En el penal de Güemes, siempre de acuerdo a la versión aportada por fuentes judiciales, la noticia generó enojo y caras largas. El hombre que salvó su vida de milagro no tendría ningún parentesco con Mauricio Gerónimo, el concejal de Salvador Mazza que está prófugo desde hace casi dos años por ser sospechoso de integrar una banda narco. Días después, la primera víctima de los sicarios fue dada de alta y regresó a su casa, donde es vigilado por la Policía. Luego se informó que era buscado por las autoridades bolivianas, acusado de haber cometido varios asaltos en ese país.

Capítulo IV: mortal ataque a la par del choripanero de una plaza

El sábado 7 de mayo, Raúl Fernando “Lalo” Martínez había elegido un puesto de choripán instalado en una plaza, en pleno macrocrentro de Orán. No había terminado de estacionar su Toyota Hilux, acompañado por su esposa y su hija, cuando fue interceptado por dos hombres que dispararon sin piedad. La víctima, que tenía antecedentes por diferentes delitos y que estaba sospechado de dirigir una organización narco, recibió cinco disparos, dos de ellos en la cabeza. Los asesinos huyeron rápidamente del lugar y ningún testigo pudo aportar datos que ayudaran a identificarlos. Los investigadores comenzaron a sospechar que algo extraño había en este caso porque la viuda, según los dichos de varias personas, antes de que llegara la Policía le sacó el celular al fallecido y escondió una pistola nueve milímetros que portaba y que no llegó a usar.

Capítulo V: otro crimen, pero esta vez en medio de la selva

El 16 de mayo, trabajadores oranenses encontraron el cuerpo de un bagayero en medio de un sendero de un paso no habilitado que une nuestro país con Bolivia, cerca de la localidad de Aguas Blancas. Desconocidos le hicieron dos disparos que le provocaron la muerte en el acto. En este crimen no hubo testigos, pero sí la sospecha de que los sicarios habrían utilizado el arma que portaba la víctima. Este homicidio obligó a las autoridades salteñas a pedirle a la Nación que Gendarmería custodie las calles oranenses ante la escalada de violencia que se registraba en esos días.

Capítulo VI: la justicia comienza a descifrar la trama

La fiscala Daniela Murúa de Orán comenzó a analizar cada uno de los tres ataques para tratar de establecer si tenían algún tipo de vinculación. A las semanas, llegó a sospechar que los autores actuaron de la misma manera. Siempre eran dos las personas que participaban en los hechos, que se desplazaban en motocicletas de baja cilindrada y que llevaban cascos para ocultar sus rostros. En todos los casos las armas que utilizaron fueron desechadas por los autores. Las pistolas no tenían huellas y sus numeraciones estaban totalmente limadas para evitar que sean identificadas por las autoridades. Los investigadores llegaron a la conclusión de que estaban ante el accionar de sicarios profesionales.

Capítulo VII: la paga era en dólares o con “merca de primera”

La fiscala Murúa de Orán también logró encontrar otros indicios sobre cómo se desarrollaba esta operatoria. La paga, siempre según lo que se pudo conocer a través de lo que aparece en el expediente, era de U$S 15.000 (unos $250.000) o en su defecto, tres o cuatro panes de cocaína “de la buena”, que en esos momentos cotizaba en la frontera en $240.000, sin incluir el traslado en flete hasta nuestra provincia (el valor de este servicio es de unos $15.000 como mínimo). Según la pesquisa, el “contratista” se encargaba de aportar todos los datos de la víctima (desde una simple foto, pasando por el domicilio, el vehículo que utilizaba para moverse y los recorridos que normalmente realizaba) y el apoyo logístico (balas, armas y medio de movilidad). El “contratado” se encargaba de elegir a las personas que lo acompañarían, chequear la información que tenían sobre el blanco que debían atacar, el traslado (se sospecha que lo hacían en ómnibus de línea) y el alojamiento (ellos se encargaban de elegir los lugares por una cuestión de seguridad). Una vez terminado el trabajo, ambas partes se reunían en un punto a determinar. Con todos estos elementos, las fuerzas de seguridad ya se ponen en alerta.

Capítulo VIII: el alerta da sus resultados: cae el primer sospechoso

Fuentes judiciales confirmaron que casi de casualidad descubrieron que los sicarios estaban preparando un nuevo golpe. Esa información había surgido en el mismo penal de Güemes. Un “soplón” contó que la nueva víctima sería un tal “Cólera”, por lo que decidieron vigilarlo. Al poco tiempo de haber montado ese cerco, detuvieron a dos sospechosos que perseguían a la supuesta víctima. Estaban armados, se desplazaban en moto y tenían pistolas nueve milímetros. Uno de los sospechosos era tucumano. Este fue investigado y descubrieron que en los últimos días había estado en Orán junto con otros comprovincianos.

Capítulo IX: una rebaja por haber fallado en el primer trabajo

Los pesquisas comenzaron a investigar a los detenidos. Descubrieron que el tucumano habría sido el que mantenía el contacto con el narco que estaba en la prisión de Güemes, al que identificaron como un tal “Coya”. Entre ambos, según la investigación que desarrolla la justicia salteña, habían acordado cobrar menos dinero por no haber podido acabar con la vida de Gerónimo. En vez de recibir U$S15.000 como habían acordado, podría haber recibido unos U$S10.000 y otros U$S2.000 fue la comisión que se cobró un tercero que convenció al jefe narco de que le entregara el dinero. De acuerdo a la versión que se maneja en Salta, ese dinero fue repartido entre varias personas, aunque no trascendió el número exacto.

Capítulo X: en la frontera, una traición desató la guerra

Tuvieron que pasar varias semanas para que los investigadores pudieran descubrir cuál fue el origen de esta escalada de violencia. En marzo de 2017, a “La Banda del Coya” le incautaron un cargamento de más de 80 kilos de cocaína. El sospechoso de liderar la organización logró escaparse por un par de días. Durante ese tiempo envió a todos sus hombres a averiguar qué había pasado. Sus investigadores privados no tardaron en plantear una hipótesis: la gente de “Cólera”, rival en el negocio del narcotráfico, lo habría delatado para sacarlo de circulación. “En Orán a nadie le importa nada, sólo quieren tener más territorio para ganar más plata aún”, indicó una fuente de una fuerza nacional. El “Coya”, entonces, decidió contratar a los sicarios tucumanos para que llevaran adelante su plan de venganza, orquestado tras las paredes de la prisión.

Capítulo XI: hombres fríos y capaces de hacer cualquier cosa

Los investigadores, hasta este fin de semana, sabían que el tucumano detenido recurría a los servicios de comprovincianos. Pese a que la fiscala pidió que la causa se mantuviera en reserva hasta mañana, se supo que todos los sospechosos tienen antecedentes por robos, homicidios y al menos dos de ellos eran investigados por estar vinculados a la comercialización de estupefacientes en el norte y en el sur de la capital tucumana. “Son lo suficientemente decididos para hacer eso y mucho más por seguir creciendo. Hace tiempo que estaba fuera del ruedo, o sea, no cometían robos, que son su especialidad. Ahora entendemos por qué”, aseguró un integrante de la fuerza que está colaborando con la investigación.

Capítulo XII: una oportunidad única para crecer en el negocio narco

Los policías tucumanos aseguraron en “off” que la presencia de los sospechosos en tierra salteña no les llama la atención. A los acusados los conocen por haber cometido numerosos asaltos a lo largo de su vida. Sin embargo, confirmaron que varios de ellos estaban en la mira por haber cambiado de rubro. Dejaron los atracos para dedicarse al narcomenudeo en sus barrios de origen. Los tres kilos de cocaína que supuestamente recibieron de paga podrían haberlos estirado hasta siete veces, es decir, podrían haber comercializado hasta 21 kilos de droga de baja calidad.

Capítulo XIII: esperan novedades para los próximos días

Murúa declaró que la causa no está paralizada sino que se está trabajando activamente, por lo que se desprende que en el transcurso de los próximos días se podrían producir importantes novedades. “Hay que ser paciente, porque vamos por buen camino”, adelantó una fuente de la investigación.

2) La Gaceta de Tucumán
“Esto se está desbordando”, dicen los gendarmes de Orán
San Ramón de la Nueva Orán está ubicada a unos 500 kilómetros de la plaza Independencia. Actualmente está considerada por la Nación como uno de los puntos rojos del país. Y todo lo que sucede allí, repercute de alguna manera en Tucumán. Allí está ubicado el mayor centro de acopio de mercadería que ingresa ilegalmente al país desde Bolivia, donde los “bolseros” tucumanos van en busca de productos. Es también una de las nuevas puertas de ingreso de droga al país, que las fuerzas de seguridad aún no pudieron cerrar. Es la tierra donde los narcos contratan a sicarios tucumanos para que se cobren con muerte cuestiones pendientes entre bandas rivales.
Hasta el momento, en lo que se refiere a narcotráfico, existía un vínculo Orán-Tucumán. De allí partía la pasta base que Rogelio “El Gordo” Villalba se encargaba de estirar y después comercializar en La Costanera y otros barrios. También se sospecha que de allí llegaba la “merca” que le descubrieron a “La Cabezona” Nilda Gómez. Pero ahora surgió otro dato: habitantes de esa tierra actúan de sicarios a cambio de U$S15.000 dólares o tres o cuatro kilos de droga para estirar y comercializar en sus barrios.
En ese campo fértil para la ilegalidad no sorprende el permanente enfrentamiento entre los grupos que se dedican a cometer este tipo de ilícitos, pero preocupa que los que se manejan en ese marco de ilegalidad se mueven violando todo tipo de acuerdos y supuestos códigos que deberían existir entre ellos.
“Es una situación muy preocupante, se está desbordando. Todas las fuerzas están trabajando de manera conjunta para poner punto final a esta problemática que incluye hechos de sicariatos, mejicaneadas en la zona de la frontera y enfrentamientos diarios entre bagayeros”, explicó el comandante Ariel Ortiz, jefe del Escuadrón 20° de Gendarmería Nacional que, por pedido del gobierno salteño, se sumó a las tareas de prevención en las calles oranenses.
Jorge Ovejero, secretario de Seguridad de Salta, se mostró preocupado por la escalada de violencia que se registró en Orán en los últimos tiempos. “Todas las provincias que tenemos límites con otros países planteamos la necesidad de la coordinación de fuerzas federales y locales. La Policía tiene mayor despliegue y las federales tienen su competencia de control y cuidado de las fronteras”, justificó a la hora de explicar por qué los gendarmes salieron a la calle.
Dudas
“El problema es que nadie sabe quién es quién”, aseguró una fuente de una fuerza federal que se encuentra en esa ciudad realizando tarea de inteligencia.
El especialista sostiene que Orán es un lugar donde se han roto todos los moldes sobre bandas dedicadas al narcotráfico. “No existen grandes grupos, sí pequeñas organizaciones dispersas por distintos sectores de esta localidad”, agregó.
El investigador, que pidió expresamente que su nombre se mantuviera en reserva, relata que hace no mucho tiempo atrás, el tráfico de drogas era manejado por grupos familiares de Orán, Tartagal y Salvador Mazza, fundamentalmente. Sin embargo, en los últimos tiempos esta estructura comenzó a desaparecer y fueron pequeñas células las que se adueñaron del el negocio. “El problema es que, al no haber un líder fuerte, cualquiera persona de la misma organización puede aspirar a quedarse con el mando. Además, como ocurre en otros lugares, no acuerdan los territorios y no sólo compiten entre ellos, sino que además se están mejicaneando”, indicó el especialista.
Fuentes de la Justicia Federal y de las fuerzas de seguridad confirmaron que el “modelo” narco está mutando. Consideran que las bandas cada vez se parecen a los grupos mexicanos y se alejan de los colombianos. “En el país cafetero existía una especie de organización patriarcal donde un grupo tenía empleados que estaban con ellos hasta la muerte. El mexicano, en cambio, se caracteriza por el permanente desmembramiento de las organizaciones, donde las traiciones y el uso de la violencia para imponer el poder son los recursos que más utilizan”, comentó.
3) El Litorial Frontera, tierra fértil para el narcotráfico
Hace 35 años, el entonces obispo de Rafaela Jorge Casaretto percibió que en Frontera, ese pueblo con límites difusos ubicado entre dos provincias, como Córdoba y Santa Fe, que siempre fue considerado el patio trasero de San Francisco, la pobreza arrasaba.

Por eso, en septiembre de 1982 llevó allí a la Madre Teresa de Calcuta, para que pusiera el ojo en esa tierra rica habitada por gente pobre. Tres años después, las Madres de Calcuta abrieron un centro comunitario, uno de los primeros en Argentina.

Más de tres décadas después, la marginalidad y la pobreza siguen intactas, quizá más agrietadas en esa localidad de 10.700 habitantes -según el último censo-, pero con un agravante: el narcotráfico. Esa zona está dominada por un clan familiar, como los Gallardo, que tiñó esa geografía del centro del país, con tierras fértiles y prósperas, de sangre y miedo, con una red de complicidades aceitadas que le garantizó a esta organización distribuir estupefacientes a otras provincias, como Córdoba,

Santa Fe, Misiones y Buenos Aires.


Héctor Argentino Gallardo, alias Patrón, está preso desde el 18 de diciembre de 2013, cuando la Gendarmería lo detuvo en Orán, Salta. Le había ordenado a Juan Ignacio Figueroa, sicario de la banda, que matara a otro miembro de la organización en Posadas, Misiones. Estaba bajo sospecha por mejicanear droga a los Gallardo.

La Gendarmería apresó a Figueroa; iba a asesinar a Raúl Reynoso en un descampado en la capital misionera, donde este clan adquiría la droga y tenía fuertes inversiones en la industria maderera y en la compra y venta de autos de alta gama. En esa ciudad, Gallardo estaba en pareja con una mujer colombiana, que le aportó a su concubino una red de especialistas de ese país para hacer cocaína líquida. Estaban asentados en Misiones y en las afueras de Frontera, Santa Fe. 

La caída de El Patrón encendió aún más la violencia en la pequeña ciudad santafesina, donde las jurisdicciones están separadas por una calle, que del lado cordobés se llama Juan Bautista Bustos y, del otro, Estanislao López. Allí conviven las Policías de Córdoba y de Santa Fe, y tienen jurisdicción dos juzgados federales, el de San Francisco, que fue creado hace cinco años, y el de Rafaela, que se inauguró en marzo de 2014. Esa división forzada por los límites, con una espesa madeja burocrática, deja espacios vacíos, zonas grises. Y los que burlan la ley sacan rédito de eso.

La Procuraduría de Narcotráfico (Procunar), a cargo de Diego Iglesias, y el fiscal de Rafaela Federico Grim, decidieron ahora “conectar” cuatro causas los expedientes 27.963/2015, 4.196/16, 32.303/16 y 18.100/17 para apuntar a desmantelar este clan, que no sólo vendía drogas, sino que irradiaba una violencia cruda en esa zona, donde hay fuertes sospechas de que esta organización actuaba con la complicidad policial. Antes, la Policía de Investigaciones (PDI) había atrapado a algunos alfiles de la banda.

Efectivos de Gendarmería detuvieron hace 15 días a Franco Figueroa, otro sicario de la banda, acusado de matar el 19 de enero de 2015 a Germán Losada y a Martín Chamorro, dos santotomesinos que pretendían ocupar el lugar de los Gallardo, tras la caída de El Patrón, para que esa zona con gente pobre siga siendo fértil para el narcotráfico. 

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